domingo, noviembre 28, 2004

La lira odia sus notas

No debí despertar con el deseo inerte de encontrar momentos. Los momentos no existen. Los inventamos. Y a mí me agota reconocer que hoy no puedo dibujar más minutos, porque me duelen y luego tengo que vendarme entera. Llevo desde el amenecer soltando al aire la inmundicia de decir lo que no siento y de sentir lo que no digo, y eso pesa. Los dedos se cansan y la lira se rebela, porque no le gustan sus notas y las oye sonar una y otra y otra vez. El rostro de la risa con el rastro del lamento es una hipocresía. La lira es hipócrita y yo, tal vez lo sea. Pero no quiero abandonarme al sentimiento, porque todo es relativo. Cuando la mañana me sorprende desnuda y vulnerable ante las horas, cuando rasca mis ojos pegados y mis ganas escondidas bajo la cama, me pilla soñando. Soñando con lo que vivo; con brumas que cada día espolvoreo a lado y lado del camino, con voces que se quedan como ecos en mi cabeza, con lentejas a las que hay que quitar las piedras y con parcelas de adiós. Pero tal vez si todo es sueño, las brumas solo sean soles pequeños y las voces murmullos y las lentejas.... después de comerlas todo puede quedar en nada, y la lira quizá despierte y....a lo mejor las notas ya le gustan, o se han ido. Voy a dormir, que ya despierto.